Cuando eres pequeño crees que todo lo puedes, que no hay nada que te impida lograr tus sueños y ser la princesa más bella o el guerrero que salvará al mundo. Claro que después creces y te das cuenta que para ser la más bella tienes que pasar por el quirófano, mientras que el guerrero más importante es un watchman de la ciudad.
Cuando somos niños vivimos en un sueño profundo, nuestros ojos ven a colores, pero la niñez igual que todo en la vida termina.
Ahora que uno esta “grandecito” recuerda que de niño habían tantas cosas hermosas por hacer , tantos juegos, tantas horas pasadas llenas de risa, pero también de mido y ganas de crecer, de niños todos quisimos ser grandes.
¿Por qué quisimos crecer?
Nos encantaba ver como los grandes veían televisión hasta tarde sin que nadie moleste.
A los grandes nadie los empujaba para ir a dormir ni para cepillarse los dientes cada cinco minutos hasta por tomar un vaso de agua.
Los adultos podían caminar descalzos sin una mamá que los persiguiera.
Los adultos salían solos y podían cruzar las calles.
Los adultos besaban en la boca.
Y puedo seguir con un montón de cosas más del porque los niños quieren ser grandes, pero no lo haré, prefiero recordar las cosas por las que era bueno ser niño…
De niños podíamos ensuciarnos mil quinientas veces la ropa y mamá nos limpiaba.
De niños nos ilusionábamos con el amor cada cinco minutos y era un amor puro, algunos ya perdimos esa capacidad.
Cuando teníamos tres o cuatro años y veíamos al cielo, pensábamos que la luna nos seguía.
A los cinco años, nuestra vida se limita al colegio, la casa y tres cuadras más.
Dormíamos con la luz prendida que mamá apagaba solo cuando nos iluminábamos con la luz de nuestros sueños.
Cuando uno es niño ríe y llora, duerme, corre mucho, se cae, no tiene miedo a crecer, porque cuando somos niños nos dicen que seremos grandes y adultos, nadie nos dice que en ese proceso dejaremos a la persona que somos.
